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viernes, 15 de enero de 2016

La poca memòria i la incoherència d'alguns periodistes

La sessió de constitució de la Mesa del Congrés dels Diputats ha comportat comentaris de tot tipus: des dels què s'han limitat a traslladar a futurs pactes de govern els pactes per a elegir als membres de la Mesa, fins als què s'han distret amb els pèls i les xaquetes d'alguns diputats.

Però si alguna cosa m'ha xocat, eixa és la coincidència entre l'editorial que El País i El Mundo li han dedicat, quasi íntegrament, a Podemos («El show de Podemos» i «Reformar el Congreso sin convertirlo en un espectáculo»); resulta curiós, per a començar, que el director d'El País critique que Podemos presentara a una candidata pròpia a presidir la Mesa del Congrés. ¿La raó per a criticar eixa iniciativa? Després de criticar també el discurs d'Íñigo Errejón per considerar que el canvi en les majories del Congrés pot suposar un abans i un després per a la democràcia espanyola (per al director d'El País lo veritablement important era incorporar-se al mateix Parlament on també van estar Dolores Ibárruri o Rafael Alberti), trobem a l'editorial este raonament:

«¿Era realmente necesario obstaculizar la elección de Patxi López como presidente, por el procedimiento de presentar a una candidata propia, Carolina Bescansa? Evidentemente no tenía posibilidad alguna de prosperar, y sin embargo se empeñaron en hacerlo como parte del juego para la galería.»

I és que per als directors d'El País i d'El Mundo tot formava part d'un show televisiu, doncs els de Podemos (tots) confonen el Congrés amb un plató de televisió; haurem de suposar que els propis Dolores Ibárruri o Rafael Alberti que cita el director d'El País formaven part d'un altre show allà a 1977, quan el seu partit va presentar a un candidat a presidir la Mesa del Congrés que tampoc tenia possibilitat alguna de prosperar. Com el candidat presentat en aquella primera legislatura per Felipe González i Alfonso Guerra:

Este show s'ha anat repetint durant tota la nostra democràcia: a 1979 es van apuntar al show de presentar candidats sense possibilitat alguna de prosperar personatges tan televisius com Felipe González (per segona vegada consecutiva), Santiago Carrillo o Fernando Abril Martorell, a més dels diputats d'Herri Batasuna (¡si açò ho lligen Marhuenda o Federico ja tenim mantra per a tota la legislatura!). A 1986 també es va apuntar al show (a més dels sempre reincidents comunistes) Manuel Fraga Iribarne (que va presentar a Isabel Tocino per a presidir la Mesa i només es va votar ella mateixa); a 1989 ja va participar en el show també el nou PP de José María Aznar, que també va repetir a 1993 presentant a Federico Trillo («¡manda huevos!», que diria ell mateix una legislatura després, quan Felipe González va tornar a entrar en el show de presentar a candidats sense possibilitat alguna de prosperar per tercera vegada).

Potser no estiguera de més recordar-li al director d'El País que, més recentment (a 2008), el nostre President en funcions (este sí molt donat als televisors de plasma) també va formar part d'este show presentant com a candidata per a presidir la Mesa del Congrés a Ana María Pastor.

També crida l'atenció, ara per part del director d'El Mundo, que acabe l'editorial demanant una regeneració del Parlament, però seguint els actuals usos i costums del parlamentarisme (que tots sabem quins són fins ara, com molt bé s'encarrega de recordar ell mateix).

Van exigir al 15-M que es presentara a les eleccions, i ho han fet; ara volen que fagen una política distinta, però per a què tot seguisca igual. I, mentrestant, nosaltres parlant d'una mare que duu al seu fill a la feina.

martes, 7 de junio de 2011

Zapatero, responsable de todas las crisis

Bajo el prisma del Partido Popular, Zapatero parece ser el político más poderoso del planeta.

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Zapatero es el principal responsable del petardazo financiero que se inició en Estados Unidos en 2007 y que obligó a la intervención posterior de bancos, cajas y hasta de países enteros como Grecia, Irlanda o Portugal; tan poderoso es Zapatero que, incluso antes de llegar a Presidente de España (es decir, desde los bancos de la oposición), conspiró para desregular el mercado financiero estadounidense para que Clinton, Bush y Obama pudiesen mirar hacia otro lado y no tuviesen que preocuparse por las hipotecas basura y su posterior empaquetado financiero opaco que infectó al resto de países capitalistas del globo terráqueo.

No contentos con que los tentáculos de Zapatero llegaran a Estados Unidos, el Partido Popular le hace responsable también de la liberalización del suelo que aprobó el mismísimo José María Aznar Pérez (hipnotizado tal vez por las prominentes cejas de su sucesor), por lo que la burbuja inmobiliaria, los pelotazos urbanísticos y el ladrillazo en la cabeza de todos los españoles tras el reiteradamente advertido derrumbe del sector de la construcción son también palabra y obra de Zapatero.

Por supuesto, Ángela Merkel y una tal Cornelia Prüfer-Storcks son meras marionetas manejadas al antojo de Zapatero, principal responsable de la crisis de los pepinos y hasta de la existencia de la bacteria asesina E.coli; la denuncia a Zapatero por parte de la clausurada empresa alemana productora de brotes de soja y del restaurante de Lübek que los sirvió es solo cuestión de tiempo, puesto que el responsable está plenamente identificado. La Ministra de Agricultura, Rosa Aguilar, Leire Pajín y Bibiana Aído serán declaradas seguramente colaboradoras necesarias de tanto desaguisado, la primera por salir a defender a los pepinos (qué atrevimiento) y las otras dos porque sí.

No tardaremos mucho en saber quién ha estado detrás de las crisis matrimoniales de Álvarez Cascos o de la Infanta Elena, e incluso de la de Felipe González; sí, sí, han acertado: detrás de toda crisis está Zapatero (está incluso detrás de los indignados acampados en las ciudades españolas). Tan mala persona es que incluso Francisco Camps sabe ya que Correa y su “amiguito del alma” El Bigotes eran dos mercenarios enviados por Zapatero para crear una crisis en el Partido Popular de la Comunidad Valenciana.

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Sin embargo, resulta curioso que el Partido Popular se haya olvidado ya de criticar, e incluso de mencionar, las medidas neoliberales aplicadas por Zapatero para salvar a este país de la quiebra a costa de enviar a la quiebra a miles de familias desahuciadas por los voraces mercados financieros, expulsadas del mercado laboral por multinacionales con cada vez más beneficios y menos trabajadores, y estupefactas (e indignadas) por ser ellas las que siempre pagan el pato de los desmanes inapelables de los avaros especuladores de turno.

Claro, que visto que quien ha de ser el sucesor de Zapatero en el cargo (Mariano Rajoy) aplaude con regocijo las medidas ultraliberales aplicadas en el Reino Unido por la nueva ortodoxia económica gobernante, lo normal es no criticar demasiado lo que va a acabar aplicando él mismo, aunque multiplicado por equis; eso sí, siempre le quedará culpar a Zapatero.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Malditos trabajadores

El aumento de los salarios debe ir asociado al aumento de la productividad de los trabajadores; así se lo hemos oído decir a Ángela Merkel, a la OCDE, al FMI, al BCE y hasta a Felipe González. Por supuesto, es uno de los mantras del neoliberalismo económico y una de las medidas imprescindibles para superar la crisis según todas las asociaciones empresariales españolas.

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La competitividad de nuestra maltrecha economía debe mejorar urgentemente, y al parecer los únicos responsables de que nuestras empresas no sean competitivas somos los trabajadores y los impuestos; en Gran Bretaña, con sueldos que doblan a los de los trabajadores españoles (42.000 € anuales de media frente a nuestros 21.000 € anuales) y con un impuesto sobre sociedades exactamente igual al español (entre el 20% y el 30% de los beneficios contables) podrían señalar con el dedo a sus trabajadores, pero en España no acaba de entenderse muy bien qué tienen que ver los salarios con la falta de competitividad.

El pasado 20 de Febrero escribía Ángel Laborda (director de coyuntura de FUNCAS, la Fundación de las Cajas de Ahorros) en el suplemento de Negocios de El País que la competitividad de nuestras empresas se ha restablecido respecto a la pérdida de competitividad de años anteriores gracias al considerable aumento de la productividad de los dos últimos ejercicios; efectivamente, la productividad de los trabajadores españoles (habitualmente por debajo del 1%) se acercó en 2009 al 3% y al 2% en 2010. Sin embargo, la economía parece haberse convertido en la ciencia que trata y justifica las excepciones a la regla, y tras reconocer en el artículo esos históricos niveles de productividad leo absorto que «no cabe dejarse tentar por la idea de que sería mejor un aumento mayor de los salarios para que el consumo tirara más»; así, la escuela económica española (FUNCAS es un referente entre los economistas a la hora de crear opinión) parece empeñada en adoctrinar a los empresarios en las teorías económicas neoliberales y en cómo dejar de aplicarlas cuando les venga en gana.

Teniendo como referentes a estos maestros, no nos debería resultar extraña la escasa cultura de la eficiencia existente en muchas empresas españolas, más preocupadas en fijar sus políticas empresariales en función de la mayor o menor facilidad en la evasión de impuestos o en deshacerse de costes laborales ante el mínimo atisbo de una reducción en los beneficios que en premiar la eficiencia o en reducir otros costes estructurales totalmente desmesurados y, en muchas ocasiones, absurdamente caprichosos. Y con esas políticas empresariales, que acaban deviniendo en decisiones económicamente irracionales o laboralmente injustificables, tampoco nos debería extrañar el escaso interés de muchos trabajadores en mejorar su eficiencia en beneficio de la empresa.

Las reticencias de los sindicatos y de la izquierda en general a referenciar los salarios a la productividad no podrían entenderse sin tener en cuenta estas reflexiones, a las que cabría añadir las argucias contables (amparadas legalmente por cuanto cada empresa puede aplicar sus propios criterios contables dentro de unos amplios márgenes económicos) destinadas específicamente a rebajar o a incrementar las productividades o los beneficios empresariales en función del interés cortoplacista de cada empresa en particular.

En definitiva, lo que podemos comprobar en esta España de hoy es que mientras al trabajador se le intenta convencer de la imperiosa necesidad de referenciar nuestros salarios a nuestras productividades, a los empresarios se les está adoctrinando en las formas de evitar que los incrementos en las productividades conlleven mayores costes laborales. Algo difícil de casar si ambas informaciones llegan al trabajador.

Abundando en esta misma dirección, publicaban ayer en El País tres economistas promotores de la reforma de la negociación colectiva otro artículo que se inicia con el ya consabido mantra: «La economía española tiene un grave problema de competitividad». En este caso no sólo se responsabiliza a los trabajadores de ese grave problema (son los salarios y las condiciones de trabajo los únicos factores que impiden a las empresas disponer de la necesaria flexibilidad para aumentar su competitividad: «La negociación colectiva debe facilitar la adaptación de los salarios y condiciones de trabajo a la productividad [y] permitir que las empresas dispongan de flexibilidad en la organización del trabajo para aumentar su competitividad»), sino que incluso se va un poco más allá: los únicos responsables del «excesivo peso de sectores poco productivos» en la economía española son los salarios que cobran los trabajadores, que deberían mostrar una mayor relación «con las diferencias de productividad entre sectores y ocupaciones».

Por supuesto, las empresas españolas no tienen ninguna responsabilidad en la «reasignación de recursos hacia las actividades más rentables», porque disponen de tan poca flexibilidad interna (no pueden «alterar lo negociado» en los actuales Convenios Colectivos ni «descolgarse de lo pactado en aquéllos») que los salarios de los curritos españoles incluso «las impide aprovechar las nuevas tecnologías y restringen el crecimiento de las PYMES».

Hablando en plata: a las empresas y sectores más productivos no se les puede exigir que ofrezcan mejores retribuciones a los trabajadores más productivos (estos trabajadores tienen los salarios adecuados, justo en la mitad del salario que cobrarían en Gran Bretaña, y por eso en España no sabemos lo que es la fuga de cerebros), así que la única solución posible pasa por reducir el salario de los trabajadores menos productivos a un cuarto (el 25%) o menos de lo que cobrarían en Inglaterra. Es decir, que España sólo sería competitiva si sus trabajadores cobráramos menos del 33% de lo que cobraríamos en otro país europeo; aunque yo diría más: si de verdad queremos ser competitivos y queremos evitar que las empresas abran sus plantas de producción y trasladen sus sedes a China (por poner un ejemplo), lo que deberíamos hacer es aprender del tercer mundo y trabajar 18 horas a cambio de alojamiento.

Estos economistas del resurgimiento del capitalismo más salvaje, único responsable de la actual crisis financiera que ha paralizado por completo a España y a medio mundo, no sólo no se conforman con apalear a la clase trabajadora (a todos sin distinción excepto a ellos mismos, que nunca renunciarían a sus emolumentos en beneficio de un tercero: ¿o acaso estos economistas están trabajando gratis para ayudar a las empresas que los contratan a ser más competitivas?), sino que incluso pretenden tomarnos el pelo esperando que nos mantengamos en la más absoluta inopia y asintamos con la cabeza sin rechistar ante sus brillantes ocurrencias en nuestro beneficio.

Y yo me pregunto: ¿es que no hay nadie con la capacidad mediática suficiente para explicar a los trabajadores (la inmensa mayoría de los españoles) que el capitalismo salvaje que nos ha llevado a esta situación quiere morir matando y que van a intentar recuperar sus beneficios a costa de quien sea sin importarle lo más mínimo los medios utilizados o los daños colaterales causados?

viernes, 4 de febrero de 2011

El negro futuro que nos espera

Juan Rosell, Ignacio Fernández Toxo, José Luis Rodríguez Zapatero, Valeriano Gómez, Cándido Méndez y Jesús Terciado

Españoles, lo social ha muerto. Viva los mercados. Larga vida al capital, muerte al proletario.

El Gobierno debe aprobar, con anterioridad al 18 de junio de 2011, un proyecto de Ley por el que, sin incremento de las cotizaciones empresariales, se regule la constitución de un fondo de capitalización para los trabajadores, mantenido a lo largo de su vida laboral, por una cantidad equivalente a un número de días de salario por año de servicio a determinar, que se hará efectivo en los supuestos de despido, de movilidad geográfica, para el desarrollo de actividades de formación o en el momento de su jubilación.

Bajo un epígrafe llamado “Fondo de capitalización”, perdido entre los acuerdos en material laboral y los acuerdos en materia industrial y energética, encontramos este más que preocupante párrafo que parece no decir nada, pero que en realidad supone la habilitación de los sindicatos al Gobierno para regular el libre despido de cualquier trabajador; se trata de un fondo a pagar por los propios trabajadores (“sin incremento de las cotizaciones empresariales”), que constará de un importe equivalente a X días de salario por año trabajado (¿no les suena esto?) y que podrá utilizarse en el momento del despido (indemnización por despido derogada), en los casos de movilidad geográfica (para pagarse el alquiler), para el desarrollo de actividades de formación (para pagarse su formación) o en el momento de la jubilación (si es que al trabajador le queda algo en ese fondo a esas alturas).

Pero no crean ustedes que lo hemos visto todo ya, no. Quienes ahora tienen menos de 46 años, que no hagan previsiones para jubilarse a los 67:

A partir de 2027 los parámetros fundamentales del sistema se revisarán por las diferencias entre la evolución de la esperanza de vida a los 67 años de la población en el año en que se efectúe la revisión y la esperanza de vida a los 67 años en 2027. Dichas revisiones se efectuarán cada cinco años.

En 2032 se realizará la primera revisión de los “parámetros fundamentales del sistema”, así que ya podemos ir rezando para que nuestra esperanza de vida se venga abajo si no queremos estar trabajando hasta los 80 años con el bastón y el andador arriba y abajo; a partir de 2032 quedarán las calles limpias de jubilados mirando las obras u ocupando los bancos de los parques con chácharas improductivas: estarán convalecientes en sus camas esperando a la muerte, y las ciudades parecerán mucho más jóvenes. Qué “guay”.

Todo esto (y, por desgracia, mucho más) lo podemos encontrar en las escasas (menos mal) 37 páginas del Acuerdo social y económico para el crecimiento, el empleo y la garantía de las pensiones que ayer firmaron el Gobierno, los empresarios y los sindicatos; a esa derogación de las indemnizaciones por despido (para Junio de este año) y al incremento indefinido de la edad de jubilación (a partir de 2032) se unen los incrementos de las bases mínimas de cotización para los trabajadores autónomos, la supresión completa de los beneficios sociales para los trabajadores agrícolas, el incremento de los años cotizados necesarios para acceder al 100% de la pensión (de los actuales 35 se pasa a los 38 y medio) o el aumento en el período de cálculo de la base de la pensión (de 15 pasa a 25 años).

¿Y cómo contribuyen las empresas al sostenimiento del sistema? Pues, directamente, no contribuyen: eliminación de las cuotas empresariales de cotización a la Seguridad Social para contratos a tiempo parcial a jóvenes, asunción por parte de los trabajadores de las indemnizaciones por despido, mantenimiento de las bonificaciones en las cuotas empresariales de cotización a la Seguridad Social para contratos a mayores de 45 años, adecuación de todos los convenios colectivos “a fin de dar la necesaria y urgente respuesta a la viabilidad de las empresas”…

El PSOE, consciente del mazazo que esto supone para sus votantes, ha cerrado filas entorno al acuerdo (con artículo de Felipe González y panfleto de la Fundación IDEAS incluidos) para dar una cínica sensación de unanimidad en cuanto a la imperiosa e ineludible necesidad de aplicar las medidas acordadas; lo que es más difícil de explicar es cómo es posible que los sindicatos (nadie cree ya a estas alturas, con todo lo que ha caído en el último año, que el PSOE vaya a cambiar su rumbo hacia las teorías neoliberales) hayan accedido sin más a firmar un documento en el que parecen haber puesto más interés en llegar a acuerdos en materia energética que en materia laboral. Tal vez todo tenga una explicación, pero yo, personalmente, ni la veo ni creo que cualquier aclaración, por muy ingeniosa que parezca, sea válida para recuperar esa legitimidad cada vez más menguante (tal y como se reconoce en el propio acuerdo) de los representantes sindicales, cada día más políticos y menos sindicales; porque es muy poco creíble que los sindicatos no hayan manejado datos similares a éstos y que no hayan sido capaces de exhibirlos para frenar este acuerdo.

Pero por si la decepción hacia los dirigentes de la ya casi extinta izquierda española no fuese suficiente, desde el otro extremo (al menos en teoría) del espectro político se afanan (y se ufanan) en aplaudir el irremediable giro político del socialismo (Ángela Merkel y Nicolás Sarkozi han felicitado a Zapatero por su valentía) y en exigir más medidas en la misma dirección (eliminar la vinculación del aumento de los salarios al IPC, reducción a la mínima expresión de los impuestos a las empresas…).

Y si a algún incauto le queda todavía la ilusión de los avances sociales de los primeros años de gobierno socialista, que se vaya haciendo a la idea de que todo ha sido un espejismo del que Rajoy nos va a despertar con unos buenos sopapos: derogación de la Ley del Aborto, del matrimonio homosexual, de la Ley de Memoria Histórica…

Si todo esto no es una invitación a practicar activamente la abstención política, a lo que se nos obliga es a ejercer otra opción menos civilizada, aunque  tal vez mucho más efectiva: la rebelión.

No future, no future, no future for you…

martes, 8 de septiembre de 2009

Edvard Kozusnik, el político mentiroso

Blog Europa, a tiro de blog

Estrena hoy El Mundo una nueva bitácora bajo el sugerente título de «Europa, a tiro de Blog»; su autor, un europarlamentario checo del partido liberal ODS (integrado en Reformadores y Conservadores Europeos) llamado Edvard Kozusnik, ha pegado hoy el primer tiro en un artículo titulado «¿Felipe González como presidente europeo? NO», y el estruendo de la culata le va a resonar durante mucho tiempo.

Para argumentar ese no tan rotundo ha escrito nuestro simpático, cercano y mentiroso político checo:

«La última vez, escuché a Felipe González, en París, cuando intervino en la conferencia de presidentes del Parlamento de la UE. El orden del día lo pueden encontrar en formato PDF en la web ipex.eu.

Su intervención fue extremadamente larga y me permito decir que fue ultraizquierdista. Los comunistas, aquí en mi país le aplaudirían. Yo viví en carne propia una dictadura no democrática izquierdista.

Escuché lemas del tipo: "Los imperialistas quieren tener el dominio del mundo", "los chicos ruines de Wallstreet roban a la clase trabajadora", "es necesario establecer la igualdad y la solidaridad".

Cuando González estuvo en París impartiendo la conferencia, escuché allí todo lo que ya había oído hace 20 años».

La conferencia a la que se refiere nuestro político mentiroso es la que dio Felipe González, como Presidente del Grupo de Reflexión sobre el Futuro de Europa, en la Asamblea Nacional francesa el 28 de Febrero de 2009.

Muy hábilmente, nuestro simpático, cercano y mentiroso Edvard nos enlaza con un documento en PDF en el que se puede observar que, efectivamente, Felipe González intervino aquel día en aquella conferencia; es un plus de credibilidad a sus afirmaciones sobre lo que oyó aquel día.

Sin embargo, extrañado por esas frases (al menos las dos primeras) tan mitineras que le atribuye Edvard Kozusnik a Felipe González en un acto institucional, me he puesto a buscar el texto íntegro de la conferencia del ex-presidente español; lo primero que he hecho ha sido preguntarle directamente al autor si podía facilitarnos un enlace para corroborar que las frases (los lemas, según nuestro simpático, cercano y mentiroso Edvard) entrecomilladas estaban bien traducidas. Sin embargo, la bitácora está moderada, y visto que el mensaje tardaba en aparecer me he puesto a buscar por mi cuenta.

Y, como no podía ser de otra forma, si estaba en Internet el orden del día de aquella conferencia, también lo estaba el texto íntegro; y no vayan ustedes a pensar que estaban muy lejos el uno del otro, no: estaban en la misma página.

Le hubiese costado bien poco a nuestro simpático, cercano y mentiroso liberal enlazar al documento correcto (este), pero claro, eso significaba destaparse como un mentiroso demasiado pronto: Felipe González no dice ninguna (ni tan siquiera la última) de las tres frases. No cita a Wall Street, no habla de ningún imperialismo y cuando habla de la solidaridad no lo hace en los mismo términos que los utilizados por nuestro simpático, cercano y mentiroso político conservador.

Si lo que pretendía El Mundo era acercar la política europea al ciudadano, el tiro le ha salido por la culata, la elección del transmisor ha sido la peor que podían haber elegido y el resultado final va a ser, como no lo remedien pronto, justo el contrario.