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viernes, 19 de octubre de 2012

Wertgüenza de periodistas guerracivilistas

Empecemos por Pío Moa, no por su condición de periodista, sino por su actual visión de la Historia de España (otros antes, por convicción o para sobrevivir al régimen dictatorial, ya la tuvieron), y más en concreto de la Guerra Civil (una visión que está calando, por cuanto les exime de cualquier culpa, entre los herederos ideológicos de aquellos golpistas): el golpe de Estado del General Franco en 1936 no fue el inicio de aquella guerra, sino que fue la consecuencia –necesaria, inevitable– de las políticas izquierdistas anteriores, de la ilegitimidad de los gobiernos socialistas y, sobre todo, se trató de la reacción lógica y esperable al verdadero inicio de la Guerra Civil española. ¿Y cual fue el inicio real de aquella guerra según esta visión de la Historia? Pues las revueltas sociales de 1934.

Hoy (en realidad desde que Aznar perdió las elecciones en 2004), esos herederos ideológicos de los militares golpistas del 36 están intentando preparar el terreno para volver a justificar otro golpe de Estado y poder así responsabilizar del mismo no a los sublevados, sino a la intolerable progresía socialista o al inadmisible totalitarismo comunista: el orden, la paz social, el futuro de España, podría requerir un mandato –militar o civil– con restricción absoluta de las libertades democráticas, y estos periodistas están preparando las hemerotecas para que futuros historiadores de la talla de Pío Moa puedan comprobar cómo un posible golpe de Estado de ideología fascista sería siempre responsabilidad de las ideologías contrarias.

El Mundo, La Razón y La Gaceta, y también –aunque en menor medida– el ABC, están llevando a cabo verdaderos ejercicios de manipulación, de tergiversación, de peligrosas generalizaciones delictivas a cualquier masa social que se atreva a levantar la voz; y todo ello no en artículos de opinión interiores, sino en sus portadas, para dejar buena constancia de lo que pueda justificar un nuevo golpe de Estado.

Esta actitud guerracivilista, de ir preparando la justificación de una posible solución totalitaria ante la degradación de la convivencia interna, se inició tras los resultados electorales de 2004: la policía corrupta, absolutamente controlada por los socialistas en la oposición, había preparado, colaborado u ocultado información para que los atentados del 11-M pudiesen llevarse a cabo y variasen así los resultados de aquellas elecciones en favor de los propios socialistas. El gobierno socialista, por lo tanto, debería ser considerado ilegítimo: aquellos atentados supusieron un golpe de Estado socialista en toda regla, como también lo fue, según Pío Moa y un cada vez mayor número de ciudadanos ideológicamente conservadores, lo acaecido en 1934 en España. El Mundo, La Razón o La Gaceta siguieron esta premisa de la ilegitimidad del gobierno socialista durante los siete años de mandato del PSOE. Todas las semanas; casi todos los días. Cualquier iniciativa legislativa contraria a la ideología conservadora era motivo suficiente para recordar la ilegitimidad de aquel gobierno.

Ahora, con un gobierno conservador al frente de un país arruinado por unos bancos avaros, por el fraude fiscal de las grandes empresas, por la ególatra mentalidad de nuestros acreedores –y supuestamente socios– europeos y por una corrupción política de dimensiones vergonzosas, lo que debe transmitirse en las portadas de estos periódicos es la radicalidad de los parados vagos, de los estudiantes manipulados, de las familias obreras aburguesadas que vivieron por encima de sus posibilidades, de los trabajadores con sueldos devaluados, de los funcionarios con sueldos congelados, de los catalanes separatistas: las calles se llenan de violentos en cada manifestación. Debe transmitirse la idea de que la sociedad que se opone a los recortes sociales, educativos y sanitarios, a la transferencia de fondos públicos para salvar las pérdidas de las entidades financieras o a la corrupción política, es una sociedad violenta, antidemocrática, totalitaria: hay que transmitir que cualquier respuesta a esa violencia ciudadana puede –o incluso debe– ser también violenta, sea ésta policial, militar o de cualquier otro tipo. La violencia del Estado se justifica así con toda su amplitud, en cualquier momento, lugar o circunstancia; se ejerza con legitimidad o no.

Ayer, las asociaciones de madres y padres de alumnos decidieron secundar las jornadas de protestas por los brutales recortes en la educación pública convocadas por los estudiantes. «Así educan a sus hijos: Los padres de la CEAPA [Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos] defienden en un manual no repetir curso, quitar autoridad al profesor y prohibir la Religión en las aulas», «La izquierda más bestia de Europa: La CEAPA, plataforma socialista de padres de alumnos, […] queda inevitablemente manchada por sucesos tan siniestros como el de la otra tarde [el martes, jornada en la que la CEAPA no había convocado protesta alguna] en Mérida, con ese asalto a un colegio salesiano al grito de “¡Dónde están los curas, que los vamos a quemar!”. Zapatero sometió a la izquierda española a un hondo proceso de descerebramiento que hoy se traduce no sólo en esos jóvenes violentos de bandera roja, sino también en esos papás (y mamás) que aplauden [¿?] la barbarie de los nenes», «La huelga política en la educación pincha con un apoyo de sólo el 23% [según el Gobierno, que incluye a los centros concertados –el 40% de los colegios de infantil y primaria– en su contabilidad]: Las aulas apenas notaron los paros en Secundaria a pesar del apoyo de una asociación de padres [la mayoritaria]».

Salen a la calle y faltan a clase los descerebrados, los radicales, los analfabetos, los socialistas, los comunistas, los alteradores profesionales del orden público y de la paz social; los que salen a la calle, los violentos, tienen nombre y apellidos (El Mundo no duda en dar sus señas y mostrar su fotografía en portada –tal y como ya hiciese La Razón en su día con uno de los dirigentes del Sindicato de Estudiantes– y sentenciarlo sumarísimamente como el instigador del asalto al colegio de los Salesianos de Mérida que cita La Gaceta en su portada), pero ayer cualquier padre o cualquier madre que secundara las protestas se convirtieron en posible objetivo de estos periodistas guerracivilistas: la depuración social y el escarnio público de los padres y estudiantes terroristas («Yo cuando iba al instituto, las huelgas las organizaban los de Batasuna», dijo ayer Alfonso Alonso, portavoz en el Congreso del partido en el gobierno) debe permanecer en las hemerotecas, para cuando corresponda justificar el necesario, el inevitable golpe de Estado que devuelva a los violentos, a los terroristas, a los radicales, a los socialistas, a los comunistas, a los separatistas, a los parados, a los trabajadores, a los padres, a las madres y a los estudiantes al lugar que les corresponde.

Las mayorías, hoy, se expresan con el silencio. Y si es eterno, mejor.

martes, 27 de marzo de 2012

El 11-M recauchutado

Escribía hace una semana Luis del Pino en Libertad Digital:

Que vivimos en un país extraño lo atestigua el hecho de que hayan tenido que pasar ocho años para que alguien pida un informe exhaustivo sobre la destrucción de los trenes del 11-M, como acaba de hacer el Fiscal General del Estado, Eduardo Torres Dulce. Como también atestigua lo extraño de nuestro país el hecho de que esa noticia resulte tan llamativa.

Tantos años pidiendo, cualquiera diría que los periodistas que aun mantienen viva la llama del conspiracionismo son unos auténticos y experimentados mendigos; y hablo de mendicidad para que se me entienda, porque estos periodistas no piden por necesidad, sino porque no tienen otra cosa más edificante que hacer en su vida, que ya es triste.

Para centrarnos: vivir en un país extraño es pedir (siempre pidiendo) que se investigue por qué el propietario de una vivienda (de su vivienda, de la suya) en la cual se cometió un asesinato (que ya fue investigado, y donde la policía recogió las pruebas que quiso y consideró oportuno recoger) ha tirado el tabique del comedor, ha cambiado la taza del wáter rota, ha tirado a la basura (o al ecoparque) un aparador viejo o incluso ha vendido la casa a algún conocido o desconocido. Su casa. La suya. Aunque haya sido el escenario de un crimen. El escenario, repito. No la prueba del crimen.

El vagón supuestamente descubierto por Libertad Digital (y digo supuestamente porque no hay vagón, sino los restos desechados tras la reparación de un vagón que sigue en servicio, el CM-190, la cual costó 475.175,36 €) está incluido en el informe remitido por RENFE a la Audiencia Nacional en 2007, consta como reparado y en dicho informe se especifica con total claridad que en ese vagón estalló una bomba.

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Desconozco las razones que han llevado al Fiscal General del Estado a solicitar un informe exhaustivo que ya consta en la propia causa del 11-M, aunque me puedo imaginar alguna de esas razones. Y se equivoca. Se equivoca porque estos periodistas mendicantes no piden que se investigue todo lo relativo al 11-M; estos periodistas mendicantes piden (suplican, necesitan, quieren) que el 11-M sea otra cosa distinta a lo que fue. Y si llegar al final de las investigaciones significa concluir lo que ya todos sabemos (porque ya lo han dicho la Audiencia Nacional, el Tribunal Supremo e incluso también varios juzgados de instrucción), lo único que va a conseguir Torres-Dulce (que alguien se apiade de él) es que estos periodistas mendicantes, en su constante, reiterada y demasiado conocida (para quien quiera conocerla) insatisfacción obsesiva respecto a las investigaciones oficiales, acaben metiéndolo en el saco de esas cloacas que, de tanto delinquir, un día (algún día) van a acabar abarrotando las cárceles españolas y las de medio mundo mundial.

Estos periodistas mendicantes, por pedir, han pedido la condena de dos personas que no cometieron delito alguno:

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Sí, se trata de las acusaciones a Sánchez Manzano y a la perito química de los TEDAX por falso testimonio, ocultación de pruebas y omisión de perseguir delitos, recientemente archivadas por la Audiencia Provincial de Madrid por tratarse de una cuestión ya juzgada (y que tanto la juez instructora, Coro Cillán, como la fiscalía se negaron a aceptar incomprensiblemente como tal desde que las defensas lo solicitaron, allá por Diciembre de 2009).

Curiosamente (o no tan curiosamente, que es lo más triste), este Auto que se reproduce arriba (y que puede consultarse completo aquí) fue dictado el 19/06/2009; se trata del sobreseimiento libre de una denuncia presentada unos días antes (el 04/06/2009) de que la conspiración más mediatizada (la de El Mundo o Libertad Digital) aprovechase el mismo libro (publicado por El Mundo, por supuesto) para querellarse contra las mismas personas, por los mismos delitos y por los mismos teóricos nuevos datos súper-mega-novedosos (los contenidos en el susodicho libro). Eso sí,  como viene siendo habitual, la querella no se interpuso directamente por los medios que todo lo saben, sino a través de una de las asociaciones de víctimas, a las que parecen mantener permanentemente secuestradas y torturadas –intelectualmente– con falsas promesas de esclarecer no se sabe muy bien qué hechos.

Pues bien, como va a ocurrir con las investigaciones que ahora va a iniciar (o no) el Fiscal General del Estado, los medios de comunicación más éticos del periodismo español y de parte del extranjero desoyeron (ignoraron, ocultaron, omitieron) por completo esa denuncia, el archivo de esa denuncia, el recurso a ese archivo y el archivo del recurso porque la exclusiva de la denuncia escapaba de sus contubernios (la denuncia la presentó Alternativa Española) y porque las conclusiones del juez (que “por imperativo legal, quien resuelve ha tenido que leerse el libro”) eran justamente las contrarias a las suyas (piden, suplican, necesitan, quieren que exista un delito de algún funcionario policial para justificarse ante la masa amorfa y disforme de zombies que han creado entre sus crédulos lectores). Y eso es lo que va a ocurrir: habrá portadas aplaudiendo al Fiscal General del Estado hasta que el Fiscal General del Estado archive (otra vez) una investigación sobre quién ordenó devolver los escenarios del crimen a su legítimo dueño (RENFE) tras finalizar las investigaciones; y en ese momento, o desoirán, ignorarán, ocultarán u omitirán el archivo de las investigaciones o Torres-Dulce pasará a engrosar la interminable lista de integrantes de las cloacas al servicio de… ¿Rubalcaba? Quién sabe.

2012-03-22 - Presiones de El Mundo a testigos del 11-M

Capaces como son incluso de presionar a testigos de los atentados para intentar (instándoles a que cambien su declaración) que nuestro terrorista más sanguinario (Jamal Zougham) quede en libertad, mucho me temo que no tendrán demasiado problema en cargar con virulencia contra Torres-Dulce si éste no accede a sus absurdas ocurrencias.

lunes, 5 de marzo de 2012

De gobiernos ilegítimos

Desde el mismo 14 de marzo de 2004, cuando el Partido Popular perdió las Elecciones Generales celebradas apenas tres días después de la masacre del 11-M, se ha venido gestando y desarrollando en todos los medios de comunicación del centro-derecha (sin excepción) la teoría de la ilegitimidad de aquel Gobierno del PSOE; poco importaría que cuatro años después se revalidara la victoria electoral del mismo partido e incluso del mismo candidato: la teoría de la ilegitimidad continuó su marcha, acumulando cuantas justificaciones se considerasen concurrentes con el fin último de crear un clima político lo más enrarecido posible que posibilitase el cambio de Gobierno lo antes posible.

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Si repasamos el argumentario desarrollado entorno a esa teoría de la ilegitimidad comprobaremos que aquellas algaradas mediáticas no tienen nada que envidiar a las algaradas callejeras que ahora la derecha considera un irresponsable ejercicio de oposición por parte de la izquierda: si estas algaradas callejeras deben entenderse como una actitud antidemocrática de la izquierda (que no estaría aceptando los resultados electorales del 20-N), tampoco existe otra justificación ni otra forma de entender aquellas algaradas mediáticas.

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Legalidad no es lo mismo que legitimidad”, podíamos leer en el ABC del 28/05/2010 en un artículo titulado “Un gobierno ilegítimo y publicado en la edición de Galicia de este periódico: “dos tipos de legitimidad se consideran en el pensamiento político clásico: la legitimidad de origen y la legitimidad de ejercicio. Rodríguez Zapatero no tiene ni una ni otra”.

En el desarrollo de esta teoría de la ilegitimidad, “Rodríguez Zapatero carece de legitimidad de origen porque mintió para acceder al poder en el año 2008”; y, además, “el problema es que Rodríguez Zapatero también carece de legitimidad de ejercicio porque ha conducido a España a la ruina”.

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Siguiendo con el argumentario de esta teoría, la ilegitimidad de origen ya se la ha ganado sobradamente Mariano Rajoy en apenas 60 días de ejercicio del poder con la aprobación de la reforma laboral: si su máxima y casi única prioridad era la generación de empleo (o al menos eso pregonaba durante la campaña electoral), poca explicación encontraremos en el hecho de aprobar el despido libre (algo no estaba dentro de su programa electoral y que él mismo negó reiteradamente que fuera a aplicarse si accedía al poder) para el 95% de las empresas españolas con el nuevo contrato “indefinido”, que lo único que va a generar es más paro. Mintió Rajoy para acceder al poder en el año 2011; carece, por lo tanto, de legitimidad de origen.

Asimismo, baste recordar que la ilegitimidad de ejercicio (si la entendemos como siempre la han entendido desde la derecha) quedaría sobradamente demostrada sabiendo que este gobierno va a arruinar con sus políticas laborales a los nuevos 650.000 españoles que van a pasar a engrosar los más de seis millones de parados gracias a esta reforma laboral y a los otros 3,5 millones de españoles que van a continuar en las listas del antiguo INEM tras haberles prometido que tendrían un trabajo.

Podríamos seguir las mismas líneas y los mismos desarrollos argumentales para reforzar nuestra opinión acerca de la ilegitimidad de este gobierno: desde la excepcionalidad de su ascenso al poder por la crisis económica (igual que la situación fue excepcional tras el 11-M) hasta el incumplimiento de otras de sus estrellas electorales (la teórica rebaja de impuestos), pasando por la supeditación absoluta a los dictados ilegítimos (e ilegales) de terceros países (Alemania, que no la Unión Europea) o de instituciones situadas totalmente al margen de los sistemas democráticos soberanos (FMI, BCE, mercados, etc.).

En definitiva, que los argumentos supuestamente antidemocráticos que se utilizan hoy para salir a la calle para protestar contra unas políticas ocultas de un gobierno legal pero ilegítimo fueron inventados, desarrollados y reiteradamente jaleados por quienes hoy publican en sus portadas teóricos comportamientos antidemocráticos de quienes se sienten estafados, engañados o agredidos por unas medidas que ese gobierno negó que se aplicarían.

Quien siembra vientos, recoge tempestades.

martes, 21 de diciembre de 2010

“Y matadles donde deis con ellos”

José Donís Català, un paisano con el que coincidí en los combates dialécticos contra los argumentos de los Peones Negros (aquéllos individuos que pregonaban que los atentados terroristas del 11-M habían sido un nuevo GAL), ha escrito un libro bajo el título “La quinta invasión: Islamismo 711-2011” en el cual se pone de manifiesto el peligro de que el radicalismo integrista dominante (al menos según lo que transciende en los medios de comunicación) entre los adeptos a la religión de Mahoma acabe devorando a las condescendientes y excesivamente indulgentes democracias occidentales.

Tal y como está concebido el libro, tal vez su lectura permita devolver la visión a algunas personas que prefieren mantener sus ojos vendados ante el evidente (y tan real como los casi 200 muertos del 11-M) peligro de ese terrorismo religioso que utiliza el Corán como justificación a sus muertes indiscriminadas; sin embargo, las sesgadas conclusiones a las que conduce la línea argumental del libro pueden convertirlo en una obra peligrosa y temeraria si no se tienen en cuenta algunas cuestiones que no quedan reflejadas en el texto editado.

Que el Corán, como se demuestra en el libro, contiene enseñanzas y pasajes incompatibles (e incluso confrontados) con nuestras democracias es más que evidente; igual de evidente que resulta que, en base a la lectura literal del Corán, la única conclusión posible a la que se puede llegar es que la religión islámica es cruel, violenta e inmisericorde tanto con los creyentes como con los no creyentes. Y de la misma forma, podría concluirse también (como de hecho se concluye en el libro) que no existe ni puede existir un islamismo moderado tomando el Corán como un conjunto, más allá de posibles pasajes más humanistas (que también los hay, aunque no queden reflejados en el libro) utilizados por algunas corrientes del islamismo que conviven libremente en nuestras propias sociedades.

El principal problema de toda esta serie de conclusiones, que podríamos considerar como ciertas si nos atenemos a la lectura literal del Corán, es que se puede llegar, como veremos, a las mismas conclusiones respecto de la lectura literal de los libros de referencia (la Biblia) de cualquiera de las otras dos religiones monoteístas mayoritarias (el judaísmo y el cristianismo); por lo tanto, y siguiendo la línea argumental del libro, podrían declararse antidemocráticas y radicales, sin demasiado problema, las tres religiones.

Así, respecto al trato a dispensar a las mujeres y a su estatus social (que es uno de los puntos principales tratados en el libro) podemos encontrar citas equivalentes en las tres religiones:

«Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres porque
Alá los ha hecho superiores a ellas. Las mujeres virtuosas
son las verdaderamente devotas, que guardan la intimidad que Alá ha ordenado que se guarde. Pero a aquellas cuya
animadversión temáis, amonestadlas, y luego dejadlas solas en el lecho; luego pegadles
» (Corán 4:34).

«Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se hubiese rapado. Porque si la mujer no se cubre, que se corte también el cabello; y si le es vergonzoso a la mujer cortarse el cabello o raparse, que se cubra. Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón» (Corintios I 11:5-7).

«Cuando salieres a la guerra contra tus enemigos, y Jehová tu Dios los entregare en tu mano, y tomares de ellos cautivos, y vieres entre los cautivos a alguna mujer hermosa, y la codiciares, y la tomares para ti por mujer, la meterás en tu casa; y ella rapará su cabeza, y cortará sus uñas, y se quitará el vestido de su cautiverio, y se quedará en tu casa; y llorará a su padre y a su madre un mes entero; y después podrás llegarte a ella, y tú serás su marido, y ella será tu mujer» (Deuteronomio 21:10-13).

«Vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación» (Corintios I 14:34-35).

Tampoco la explícita crueldad del Corán para con sus enemigos es exclusiva del islamismo:

«Judith se aproximó entonces a la barra del lecho que estaba junto a la cabeza de Holofernes, descolgó de allí su espada, y acercándose al lecho, lo tomó por la cabellera y exclamó: “¡Fortaléceme en esta hora, Dios de Israel!”. Luego le asestó dos golpes en el cuello con todas sus fuerzas y le cortó la cabeza» (Judith 13:6-8).

«Pelearon contra Madián, como Yavé había mandado a Moisés, y mataron a todos los varones. Mataron también a los reyes de Madián: Eví, Requem, Sur, Jur y Rebá; eran los cinco reyes madianitas. Mataron también a espada a Balaam, hijo de Beor. Los hijos de Israel trajeron cautivas a las mujeres de Madián y a sus niños y recogieron sus animales, sus rebaños y todas sus pertenencias. Prendieron fuego a todos los pueblos en que vivían y a todos sus campamentos. Habiendo reunido todo el botín y los despojos, hombres y bestias, llevaron los cautivos y el botín ante Moisés, el sacerdote Eleazar y toda la comunidad de los hijos de Israel, en las estepas de Moab, que están cerca del Jordán, a la altura de Jericó. Moisés, el sacerdote Eleazar y todos los jefes de la comunidad salieron a su encuentro hasta fuera del campamento. Moisés se enojó contra los jefes de las tropas, jefes de mil y jefes de cien que volvían del combate. Moisés les dijo: “¿Así, pues, han dejado con vida a las mujeres? Precisamente ellas fueron las que, siguiendo el consejo de Balaam, indujeron a los hijos de Israel a que desobedecieran a Yavé (en el asunto de Baal-Peor); y una plaga azotó a la comunidad de Yavé. Maten, pues, a todos los niños hombres, y a toda mujer que haya tenido relaciones con un hombre. Pero dejen con vida y tomen para ustedes todas las niñas que todavía no han tenido relaciones”» (Números 31:7-18).

«También vosotros, etíopes: “Víctimas de mi espada serán ellos”. Él extenderá su mano contra el norte, destruirá a Asur, y dejará a Nínive en desolación, árida como el desierto» (Sofonías 2:12-13).

«Mira, a ella voy a arrojarla al lecho del dolor, y a los que adulteran con ella, a una gran tribulación, si no se arrepienten de sus obras. Y a sus hijos, los voy a herir de muerte» (Apocalipsis, 2:22-23).

Ni tampoco son exclusivos del islamismo los castigos a quienes se desvían de la Ley Sagrada (incluyendo la crucifixión, el fuego purificador o los linchamientos públicos):

«Mas si resultare ser verdad que no se halló virginidad en la joven, entonces la sacarán a la puerta de la casa de su padre, y la apedrearán los hombres de su ciudad, y morirá, por cuanto hizo vileza en Israel fornicando en casa de su padre; así quitarás el mal de en medio de ti» (Deuteronomio 22:20-21).

Archivo:King david hotel bombing1.jpgOtros aspectos tratados en el libro para demostrar la maldad intrínseca del islamismo tienen también su reflejo en otras religiones; así, la precoz mayoría de edad de las niñas en el Islam (tratado en el libro en referencia a la pederastia) tiene su paralelo en el judaísmo (13 años es la mayoría de edad para los niños y para las niñas), igual que la Sharia (la ley islámica emanante del Corán) tiene su equivalente en la Torah judía (la ley emanante de los cinco primeros libros de la Biblia o Tenakh). Y el terrorismo, por desgracia, también ha sido utilizado por otras religiones en fechas no tan lejanas (el Irgun y el Palmaj lo ejercieron contra los británicos en la década de los 40, siendo el atentado contra el hotel King David de Jerusalén–91 muertos, el 22 de julio de 1946– el más conocido).

Sin embargo, al poner el foco en la literalidad de los libros sagrados del islamismo omitiendo las numerosas equivalencias existentes en el resto de religiones, queda aislado artificialmente el objetivo y queda la vía expedita para denigrar y desacreditar cualquier elemento relacionado con el Islam; evidentemente, si el objetivo del libro era demostrar la intrínseca perversidad del Islam no tenía por qué hacerse referencia a la intrínseca brutalidad de las otras dos religiones monoteístas mayoritarias, pero al llegar a las conclusiones a las que se llega en el libro se requeriría al menos una mínima comparativa que permitiese al lector al menos intuir que cualquier religión, y no sólo la islámica, está sujeta a interpretaciones al menos igual de malévolas que las que se ponen de manifiesto en el libro respecto al Islam (recordemos que la Santa Inquisición interpretaba los mismos libros sagrados que la actual iglesia católica).

De hecho, tanto el judaísmo (en menor medida) como el cristianismo han ido introduciendo evoluciones a sus propias interpretaciones teológicas, teniendo que matizarlas e incluso negarlas, para adaptarse a las sociedades en las cuales han ido quedado integradas; y es que el islamismo tiene el mismo problema que cualquier otra religión: no pueden introducirse enmiendas a textos que son inamovibles, puesto que contradecir o modificar la palabra de un ente superior y supuestamente perfecto conduciría irremisiblemente a la muerte de la propia religión, de forma que cualquier evolución o adaptación a la realidad social de cada momento histórico sólo puede implementarse a través de la libre interpretación de esa palabra sagrada. Sin embargo, en el libro se le niega al islamismo cualquier posibilidad de evolución interpretativa, cuando la realidad es que no sólo esa evolución se ha producido en otras religiones, sino que en la actualidad ya existen (y conviven con nosotros) otras interpretaciones del Islam mucho menos rigoristas y violentas que las que transcienden en los medios de comunicación.

La inclusión en el libro de ejemplos concretos de esas interpretaciones evolucionadas del Islam (representadas en nuestro país por las más variopintas asociaciones islámicas) devienen en una especie de caza de brujas por haber incorporado entre sus filas a algunos individuos en concreto que han acabado siendo acusados judicialmente de colaboración o incluso de integración con el terrorismo islamista; al haberse determinado previamente que el islamismo moderado no existe, se utiliza a estos individuos (y por extensión a las asociaciones en las cuales estaban integrados) para confirmarlo. Esa confirmación de la radicalidad de una asociación islamista en base a la existencia de algún terrorista en sus filas resulta completamente superficial, puesto que presupone que la asociación era consciente de las actividades terroristas de un individuo en concreto y que, sabiéndolo, le recibió con los brazos abiertos, mientras que el terrorista simplemente pasaba por allí y acudió a la llamada de la asociación, lo cual es mucho presuponer.

El siguiente paso conduce indefectiblemente a las administraciones públicas y a los gobiernos, a quienes se les acusa de financiar el terrorismo islamista al otorgar subvenciones a asociaciones islámicas, hayan tenido terroristas en sus filas o no (porque, recordemos, ya se ha establecido previamente que el islamismo moderado no existe, o lo que es lo mismo en última instancia, que islamismo equivale a terrorismo); el libro cierra, por lo tanto, la puerta a la promoción de una religión islámica más acorde con los valores de nuestras democracias.

Llegados a este punto, repasemos todas las puertas que cierra el libro al declarar que el islamismo moderado no existe:

  • El islamismo no evolucionará como lo han hecho el judaísmo o el cristianismo, puesto que se trata de una religión intrínsecamente malévola.
  • Las asociaciones islamistas no son moderadas, puesto que no existe un islamismo moderado.
  • Las asociaciones islamistas no pueden ser promovidas por el Estado, puesto que hacerlo significaría promover el terrorismo islamista.

La gran pregunta que nos podemos hacer es: ¿Y entonces, qué hacemos con quien se declara seguidor de la religión islámica? Si sabemos que eso significa que es intrínsecamente malévolo (es lo único que ha podido aprender de esa religión), que no es moderado aunque lo pueda parecer y que no puede ser ayudado por el Estado puesto que es un terrorista en potencia… la solución final parece clara, ¿no?.

En definitiva, y sin negar la realidad expuesta en el libro (que el terrorismo islamista es una seria amenaza para nuestras democracias y que las actuales interpretaciones del Islam son una fuente inagotable de terroristas, llegándose incluso a justificar pública e impunemente las motivaciones de asesinatos en masa), las conclusiones a las que se llega son peligrosas y temerarias por cuanto sólo se deja abierta una puerta a quien no quiera renunciar a su religión.

Tal vez (sólo tal vez) mirando retrospectivamente a nuestra historia (incluso la más reciente, cuando el adulterio o la homosexualidad eran, además de pecado para los cristianos, un delito para todos los españoles) las conclusiones hubiesen sido bien distintas y hubiese salido a relucir el verdadero problema de todas las religiones: imponer leyes anteriores al medievo a sociedades que dejaron atrás hace mucho tiempo las catapultas y las armaduras sólo puede devenir en sometimiento feudal al iluminado de turno, sea éste musulmán, judío o cristiano.

Nota sobre el título: El título de este artículo es parte de la Sura 4:91 del Corán, que habla de la forma de actuar respecto a los no creyentes que “desean vivir en paz con vosotros [creyentes] y con su propia gente”, pero no se mantienen aparte o no se ofrecen para someterse.

P.D.: El libro “La quinta invasión: Islamismo 711-2011” puede adquirirse por menos de 4 € en formato digital (PDF ó ePub), además de estar disponible en cualquier librería por unos 13 €.

viernes, 20 de noviembre de 2009

El “Echelon” español se llama SITEL

Aunque ha sido recientemente cuando El País y otros periódicos generalistas (con la previa trifulca del PP en el Congreso de los Diputados) se han hecho eco del SITEL (Sistema Integral de Interceptación de las Telecomunicaciones), el experto en crear absurdas conspiraciones Luis del Pino ya se hizo eco de este nuevo sistema hace unas semanas en Libertad Digital y en su programa de esRadio; con la ya más que sospechosa habitualidad con la que este individuo defiende los argumentos de las grandes organizaciones criminales (tanto terroristas como, ahora también, narcotraficantes), resulta asombroso que algún partido político sea capaz de llevar sus extravagantes paranoias hasta los órganos de máxima representación democrática de los españoles.

Recordemos que se llama “Echelon” a un sistema (o supuesto sistema) que los servicios secretos estadounidenses utilizan (o supuestamente utilizan) para interceptar las comunicaciones de todos los ciudadanos estadounidenses (o de todo el mundo, según algunas versiones); el sistema, según las leyendas urbanas más extendidas, detecta determinadas combinaciones de palabras, de forma que quien las pronuncie en una conversación o quien las escriba en un mensaje pasa a ser considerado automáticamente sospechoso de cometer o de intentar cometer algún tipo de delito, siendo desde ese momento intervenidas todas sus comunicaciones. Dando por buena esta forma de operar de este sistema, no cabe duda que nos encontramos ante ese temido, omnipresente e incontrolado “Gran Hermano” que permanentemente nos tiene vigilados a la humanidad entera.

No voy a entrar en la veracidad o no de esas leyendas urbanas, puesto que el sistema existe en realidad (aunque su funcionamiento pueda diferir en parte o por completo de la rumorología, que es la única fuente en la que se sustenta la forma de operar descrita en el párrafo anterior); sólo voy a entrar, respecto a este sistema estadounidense, en los pasmosos comentarios que se hicieron sobre él en el programa de Luis del Pino en esRadio a cuenta del SITEL. Uno de los comentaristas que acompañaban a Luis del Pino aquel sábado por la mañana se dispuso a enumerar las bondades de aquel “Echelon” estadounidense, una maquinaria completamente automatizada que sólo se activa cuando se pronuncian o se escriben las palabras mágicas (nada hay que temer mientras no se diga algo inconveniente), en contraposición al peligroso SITEL activado por malvados policías corruptos bajo las órdenes del tenebroso Ministro del Interior Alfredo Pérez Rubalcaba (aunque la activación sólo pueda producirse tras la pertinente orden judicial); baste tener presente esta argumentación, a la que nada opuso Luis del Pino, para comprobar lo fútil que puede llegar a ser el razonamiento de algunos y, en consecuencia, la endeblez argumental y racional de determinados planteamientos.

«SITEL proporciona una enorme capacidad de control sobre los ciudadanos. Y, desgraciadamente, en nuestro país, el control judicial brilla por su ausencia. Y todos somos conscientes del inmenso poder que eso otorgaría a un gobierno sin escrúpulos». Luis del Pino en Libertad Digital.

«El sistema SITEL, ese sistema con el que el Gobierno y sus fuerzas policiales espían a todos los españoles prácticamente a voluntad y sin control judicial alguno». Luis del Pino en esRadio (minuto 50:00).

«El sistema que ellos utilizan [Estados Unidos] es que el ordenador lo escucha todo, pero es el propio ordenador el que tiene una alarma cuando se juntan determinadas frases o determinadas palabras que utilizan una serie de combinaciones (no sé cómo se hará informáticamente eso), pero es el propio ordenador el que… Entonces, es el juez el que contempla el por qué el ordenador ha dado esa alarma y entonces da la autorización, y entonces es cuando interviene la policía con el respaldo de la autorización judicial». Jesús Riosalido en esRadio (minuto 58:39).

Tras observar la literalidad del argumentario utilizado, ya podemos entrar en materia.

Libertad Digital se hizo eco de SITEL tras la publicación de un artículo del abogado Guillermo Díaz Bermejo en Noticias Jurídicas titulado «SITEL. La gran oreja del Gobierno no tiene suficientes garantías jurídicas», en el cual se recogía la opinión del único voto particular de la primera Sentencia del Tribunal Supremo (del 5 de Febrero de 2008) que avalaba la plena legalidad del sistema; sin embargo, fue La Gaceta de los Negocios (del Grupo Intereconomía) el primer medio en publicarlo el pasado 9 de Septiembre («El Gobierno utiliza un ‘software espía’»), relacionándolo directamente con las escuchas a dirigentes del PP investigados por varios delitos.

De los 22 informes jurídicos que, según Esteban González Pons, manejó el PP (mientras se gastaban la friolera de 1,8 millones de euros en implantar el sistema en el año 2002) y que advertían de los posibles problemas legales, tan solo han visto la luz dos de ellos: uno del Ministerio de Justicia y Defensa y otro del Consejo General del Poder Judicial (de 2001 y de 2002, respectivamente). Sin embargo, el PP realizó pruebas con un sistema posiblemente ilegal ni más ni menos que en el mayor caso de terrorismo de nuestra historia: el 11-M (ya en 2004, tras conocer esos supuestos 22 informes jurídicos); querían probar (es una suposición) qué sensación se tiene realizando escuchas ilegales.

Siete años después de aquellos informes, y con tres Sentencias del Tribunal Supremo avalando el sistema (la última de ellas conocida ayer mismo), hay quien pretende cambiar todo el procedimiento judicial desde la Constitución porque el nuevo sistema ha resultado ser demasiado efectivo en la persecución de las bandas organizadas de terroristas, de narcotraficantes y, lo que parece que más ha dolido, de empresarios y políticos corruptos.

La cuestión es que un sistema (llámese SITEL o llámese pinchazo) no puede ser ilegal por la tecnología utilizada cuando esa tecnología no es ilegal (y la grabación de conversaciones no lo es, ni con CD ni con cintas de cassette), sino por la forma en la cual se conculque algún derecho fundamental al utilizarla; y la cuestión es que el nuevo sistema requiere de los mismos pasos previos que el viejo pinchazo telefónico: si no hay autorización judicial mediante, se vulnera el derecho de las comunicaciones y lo que se pruebe con esas grabaciones ha de ser considerado nulo. Exactamente lo mismo que ocurría cuando un pinchazo telefónico se realizaba sin autorización judicial.

Del razonamiento jurídico inicial publicado en Noticias Jurídicas (y en la propia bitácora del abogado que redactó el artículo) a los actuales argumentos en contra de SITEL hay un salto de difícil explicación: mientras el origen de las críticas jurídicas estaba en una posible vulneración en materia de datos de carácter personal o en el procedimiento de traslado de las grabaciones realizadas, la actual discusión mediática ha devenido en una supuesta vulneración del secreto de las comunicaciones, habiéndose creado un artifical paralelismo entre “Echelon” (un sistema de escuchas permanentes) y SITEL (un sistema de escuchas tras una autorización judicial).

Yo sólo encuentro una explicación al camino seguido por este asunto: cuando el PP se ve desbordado por sus casos de corrupción (o por la cruda realidad), sólo puede echar mano de extravagantes teorías conspirativas. Y dar a entender que Gürtel es una consecuencia de SITEL es mucha conspiración.

sábado, 1 de agosto de 2009

La verdad

El reciente asesinato de dos guardias civiles por parte de ETA pone de manifiesto tanto lo fácil que resulta matar como la cobardía de quien hace del asesinato su medio de supervivencia o su principal objetivo en la vida. Pero también ha puesto de manifiesto el absurdo cazurrismo de quienes siguen manteniéndose como abanderados del cada vez más radicalizado y degradado conspiracionismo y la dificultad que cualquier atentado conlleva a la hora de intentar esclarecer los hechos.

Es difícil olvidar todas las absurdas ocurrencias y descaradas manipulaciones de peones negros, luises del pino y pedrojotas varios que a lo largo de más de cinco años nos han podido llegar con mayor o menor intensidad.

Las primeras noticias (y las no tan primeras) sobre el asesinato de los dos guardias civiles me han recordado, en muchos aspectos, las primeras (y no tan primeras) noticias sobre los atentados del 11-M, que a día de hoy son las que aun mantienen viva la llama del conspiracionismo.

Las imágenes de los terroristas del 11-M colocando las mochilas en los trenes o saliendo o entrando de las estaciones deberían haberse hecho públicas; esa ausencia de imágenes grabadas sigue siendo, a fecha de hoy, uno de los mantras de cualquier conspiracionista que se precie. Cualquiera podía saber, desde Abril de 2006 (cuando se hizo público el Auto de Procesamiento), que sólo había cámaras en la Estación de Atocha y que éstas no grababan de forma contínua, sino sólo cuando los responsables de seguridad apretaban el botón de grabación (y en el caso del 11-M lo hicieron tras la primera explosión, cuando los terroristas ya estaban lejos del alcance de aquéllas cámaras).

ETA ha colocado sus explosivos en un cuartel de la Guardia Civil, donde la vigilancia debería ser mucho más amplia que en una estación de trenes cualquiera; sin embargo, en ese cuartel de la Guardia Civil no se han podido tomar imágenes de los terroristas etarras porque no disponía de cámaras dirigidas a las inmediaciones del cuartel. Como ocurrió con el 11-M, cualquier conspiracionista que se precie debería dudar y empezar a buscar la verdadera causa por la cual no se nos quieren mostrar las imágenes de esos etarras; de hecho, de lo primero que debería dudar cualquier peón negro es de la autoría real del atentado de los dos guardias civiles, puesto que nadie puede creerse que un cuartel de la Guardia Civil no disponga de cámaras que hayan grabado a los terroristas colocando las dos bombas lapa. Así se ha mantenido el razonamiento conspiracionista durante más de cinco años y así debería de continuar ante cualquier otra situación de similares (o incluso más escandalosas, como es el caso si tenemos en cuenta la evidente diferencia entre una estación y un cuartel de la Guardia Civil como objetivos terroristas) características.

El pedrojota de turno nos respondería, seguramente ofendido, que el 11-M es muy distinto, puesto que las dudas abarcan a muchos más aspectos de las investigaciones; el problema es que en este atentado de ETA también podría ser así si a algún iluminado se le ocurriese razonar al modo de cualquier peón negro.

El sistema de inicio de las bombas lapa se dijo en un principio que podía ser por control remoto, de forma que los terroristas habrían hecho estallar la bomba lapa que asesinó a los dos guardias civiles cuando los tenían en su campo visual; cualquiera que haya seguido las noticias estos días habrá advertido que esa primera impresión era errónea, aunque tenía cierta base lógica (no estalló ante el primer movimiento del vehículo, sino tras haberlo dejado aparcado y haberlo arrancado de nuevo, por lo que el sistema no podía estar basado, en un principio, en el movimiento del vehículo). De esa hipótesis se ha pasado a la posibilidad de que el sistema contuviera también un temporizador, de forma que los terroristas tuviesen tiempo de salir de la isla, evitando así tener una movilidad extremadamente reducida.

Recordemos que durante las primeras horas del 11-M se barajó la posibilidad de que el explosivo utilizado hubiese sido, en base a la visualización superficial de los daños en los trenes, de tipo militar o Titadyn reforzado (porque el Titadyn del que disponía ETA en 2004 no podía haber causado aquellos daños) con cordón detonante; y recordemos también que aquellas primeras pesquisas (o más bien hipótesis) del 11-M sirvieron (y siguen sirviendo) para que los ocurrentes luises del pino hayan extrapolado aquéllos datos a la participación de fuerzas militares especiales (servicios secretos) o de la propia ETA en aquella masacre.

Extrapolando esas primeras investigaciones del atentado que les ha costado la vida a dos jóvenes guardias civiles a ocurrencias y realidades paralelas (o para lelos) como las de los peones negros, tendríamos la participación de algún terrorista que no tuvo tiempo de salir de la isla; una isla que, recordemos, permaneció completamente cerrada durante varias horas. Si la policía no consigue dar con los terroristas dentro de la isla ya podemos asegurar que la infraestructura de los autores materiales de este atentado debía contar con apoyo logístico al estilo de las películas de James Bond (salida de la isla por su propia vía, por helicóptero, avión privado o lancha, todos ellos indetectables a los radares) o con apoyo interno de los propios investigadores (interesados, por lo que sea, en echarle el muerto a ETA), de forma que ya tenemos la posible participación de servicios secretos o de las recurrentes cloacas del Estado.

Pero estas primeras indagaciones nos permiten llegar a otro paralelismo interesante con el 11-M; al parecer, algunos políticos baleares se hicieron eco de esas investigaciones y mantuvieron durante varias horas (incluso más de un día, como también ocurrió con algunos diarios como el propio El Mundo) que los terroristas no habían podido salir de la isla. Independientemente de lo que la policía consiga avanzar en las investigaciones (sin descartar que pueda llegar a detener, dentro de la propia isla, a algún miembro o colaborador del comando que cometió los atentados), deberíamos preguntarnos qué mando o mandos policiales (o qué agentes malintencionados) mintieron a esos políticos y qué oscuras intenciones tenían para dejarles en evidencia ante la opinión pública; es obvio y de sentido común que el principal beneficiario de ese descrédito político es el partido en la oposición, así que ya nos podemos hacer una idea de para quién trabajan esos mandos policiales tan mentirosos y retorcidos (entiendo que el paralelismo con el 11-M es tan obvio que no será necesario mencionar al político vilmente engañado en aquella ocasión) y en qué acera de las cloacas del Estado están.

A estas alturas, el peón negro de turno ya nos estaría llamando rojiprogre de mierda y cosas por el estilo; pero lo curioso es que aun hay más paralelismos que dejan en evidencia las falaces y fantasiosas ocurrencias conspiracionistas.

Y es que no podemos dejar de hablar de los famosos inhibidores de ondas, aquéllos que imposibilitaban que los terroristas que estaban dentro del piso de Leganés pudiesen realizar llamadas desde móviles a sus familias para despedirse porque iban a volarse por los aires.

Pero ahora resulta que nos hemos enterado, gracias a la inestimable aportación periodística de El Mundo, que ni tan siquiera hay inhibidores de ondas en los cuarteles de la Guardia Civil, y que cuando los hay no los utilizan. Menudo chasco… o menuda ocultación de la verdad del atentado de Calvià.

Cualquier conspiracionista digno de formar parte de ese selecto club de iluminados elegiría la segunda opción (la ocultista), no porque la primera (la real) no sea posible, sino porque con esa opción no hay conspiración y, al parecer, sin conspiración se aburrirían.

Sin duda que la búsqueda de la verdad (o de algo que se aproxime bastante a esa verdad) es una ardua tarea a la que se dedican en cuerpo y alma los investigadores policiales; sin duda también que las hipótesis iniciales pueden resultar erróneas. El trabajo de un investigador es seguir varias pistas y descartar las que no tienen una salida aparentemente viable, y eso es lo que se hizo en el 11-M y lo que se está haciendo en este atentado.

El trabajo de un conspiracionista es elegir las pistas que más se adapten a sus conclusiones preconcebidas, sean o no pistas viables o descartadas por los investigadores profesionales.

La verdad podría encontrarla, por qué no, el conspiracionista (de casualidad, eso sí); pero yo me fío más de que quien la encuentre sea el investigador policial. Es una simple cuestión de métodos.

P.D.: El artículo de El Mundo del que se han extraído las primeras noticias del atentado de Calvià puede leerse aquí.

lunes, 4 de mayo de 2009

Guardianes contra abducidos, y la casa sin barrer

Se preguntaba Pedro J. Ramírez el pasado día 13, en su sección diaria El Mundo en 2 minutos, qué íbamos a alegar los guardianes de la versión oficial ante la información que su diario iba a publicar al día siguiente respecto a Daoud Ouhnane, uno de los terroristas huidos que cometió, según apuntan todos los indicios, los atentados del 11-M. Yo he sido parte activa, durante dos largos años, del conflicto entre esos guardianes de la versión oficial a los que se refería Pedro J. Ramírez y los inmaculados investigadores independientes buscadores de la gran verdad del 11-M (casi todos ellos en nómina de El Mundo).

La gran victoria del conspiracionismo (del que ha sido el mayor exponente –por su peso mediático– el diario de Pedro J. Ramírez) fue la de radicalizar y polarizar la sociedad, sin posibilidad de mantener posiciones intermedias, entre quienes buscaban la verdad del 11-M (ellos) y quienes obstaculizábamos esa verdad (el resto); cualquier discrepancia de opinión con las falsedades, manipulaciones y noticias deliberadamente amputadas publicadas por El Mundo colocaban al discrepante no entre quienes criticaban un periodismo denodadamente falaz y pernicioso, sino entre quienes obstaculizaban la verdad del 11-M.

Esa apropiación unilateral (o mejor, esa expropiación, siendo los expropiados todos los discrepantes de ese estilo de hacer periodismo) de la búsqueda de la verdad aun permanece hoy, como queda de manifiesto en sus palabras del pasado día 13, entre el falaz, cínico e hipócrita argumentario de un Pedro J. Ramírez públicamente adscrito a la autoría islamista de la versión oficial; y es que es esa apropiación la única justificación posible para seguir vendiendo como esclarecimiento del 11-M lo que no es más que una persecución descarada y descarnada no contra los terroristas de cometieron los atentados, sino contra quienes investigaron a esos terroristas. Una persecución que, bajo esa capa protectora de una supuesta búsqueda de la verdad y con la apariencia de verosimilitud que le dan los artículos publicados en el segundo periódico generalista nacional, es a la que dedican su tiempo ciudadanos completamente abducidos por el deseo obsesivo de encontrar un nuevo GAL dirigido por las cloacas del Estado, siempre controladas por el PSOE. Estoy hablando, por si hay algún despistado, de los llamados Peones Negros (los libres, los independientes o los que sean).

Aquella polarización y radicalización de posturas ha impedido abrir un debate social acerca de lo que realmente debería preocuparnos a todos, y los últimos artículos de El Mundo son un claro ejemplo de ese desvío de la atención hacia elementos tangenciales que no nos van a llevar nunca a tratar el problema desde la raíz; en uno de esos artículos se recordaba (aunque haya pasado completamente desapercibido) algún testimonio que explicó cómo todos los habitantes de la casa por donde pasaron Daoud Ouhnane y otros dos de los sospechosos de haber cometido los atentados del 11-M sabían que aquéllos fueron los autores de aquella masacre. Pero no sólo lo sabían los habitantes de aquella casa (siendo una vivienda destinada a ayudar a terroristas puede entenderse que nadie quisiese denunciarlo), sino que lo sabían también casi todos los que acudían a una mezquita próxima.

Ese es el verdadero problema: la creación de guetos cada vez más herméticos que tienen una clara prioridad por la protección de los integrantes de esos guetos frente a la protección del resto de ciudadanos de la sociedad que les acoge.

El conspiracionismo, con los focos puestos en la dirección errónea, es el principal obstáculo para poder abrir el debate en la sociedad acerca de cómo evitar la creación y el desarrollo de esos guetos herméticos, que pueden convertirse (como se ha visto en este caso) en un grave problema para la seguridad de todos nosotros; y los anticonspiracionistas, sin quererlo, hemos estado (y estamos) contribuyendo a mantener (y a darles importancia) esos focos que apuntan hacia la dirección errónea.

Por mi parte, creo que es hora de poner fin a ese desvío de atención que tan rentable les ha salido a algunos; debe abrirse ya el debate correcto en la sociedad, así que no voy a ser yo quien contribuya y alimente más el debate erróneo.

miércoles, 25 de marzo de 2009

11-M. La persistencia del mundo paralelo

Hacía algunos meses que no participaba (aunque sí me asomaba de forma puntual) en los foros que surgieron en torno a los atentados del 11-M, pero el quinto aniversario de aquella masacre y varias portadas seguidas de El Mundo me animaron a volver a entrar en los cada vez menos participativos foros que aun tratan habitualmente este asunto.

El retorcimiento de los datos del que ha hecho gala El Mundo durante casi cinco años en este tema me llevó a preguntarme cual era el verdadero significado de la reciente estadística que el diario de Pedro J. Ramírez presentó como respaldo a las numerosas y continuas falsedades publicadas por ese periódico; esa estadística concluía que más del 80% de los españoles creen que el 11-M no está completamente resuelto.

Lo primero que me llamó la atención es que ninguna de las tres noticias de portada fueron las más leídas (ni en la web de El Mundo ni en la del otro medio conspiracionista por excelencia, Libertad Digital, que recogió las noticias de El Mundo y aportó alguna otra más), aunque sí llegaron a figurar entre las 10 más votadas por los lectores; esto es un signo inequívoco del hastío al que han sometido estos medios a sus lectores habituales, pero sobre todo a los lectores ocasionales, existiendo un mínimo reducto de aquellos peones negros que iban a descubrir América en pleno siglo XXI, que deben ser los que, ansiosos por nuevas noticias de aquella gran conspiración, deben puntuar al máximo cualquier noticia que les siga recordando que, un día, llegaron a hacer mucho ruido y se sintieron incluso importantes dentro de la Historia de España.

Ese hastío está plenamente justificado si nos fijamos en la inamovilidad de las más disparatas teorías conspiracionistas que, lejos de aceptar la realidad de los hechos probado por dos sentencias judiciales (la de la Audiencia Nacional y la del Tribunal Supremo), se siguen manteniendo en el mismo punto en el que se iniciaron: obviar los datos fundamentales de las investigaciones (la existencia de dos reivindicaciones grabadas por El Chino y otra escrita por El Tunecino, el suicidio con dinamita Goma-2 ECO de siete miembros del grupo terrorista que cometió los atentados, el probado tráfico de esa misma dinamita en una mina asturiana en la que estuvieron varios miembros del grupo terrorista unos días antes de los atentados, la presencia de varios de los terroristas en los trenes de la muerte poco antes de que estallaran las mochilas…) para quedarse con los datos accesorios.

Al final acaba siendo muy triste descubrir cómo, cinco años después de haberse iniciado las investigaciones y con nueve de los terroristas de aquella banda criminal condenados, se le niega credibilidad a una Sentencia y hay quien sigue considerando como verdad absoluta una chanza de un comentarista del programa La Linterna que dirige César Vidal en la COPE y que después se encargaría de adornar Federico Jiménez Losantos en el programa La Mañana de esa misma emisora (me refiero a la mochila de Vallecas, que pasó de estar custodiada por los TEDAX a quedar, según la gracia del comentarista, almacenada en la cocina de la casa del responsable de los TEDAX, una chanza que caló hondo incluso en dirigentes populares –Ignacio del Burgo, Eduardo Zaplana y Alicia Castro-, que llegaron a trasladarla al Congreso de los Diputados hasta en tres ocasiones entre Agosto y Septiembre de 2006).

Por lo que he podido observar estos días al discutir sobre el 11-M en algunos foros, hay tres motivos por los que aun hoy quedan conspiracionistas:

  1. Por ignorancia. Son aquellos que sólo han seguido la información del 11-M a través de los periódicos y de los foros conspiracionistas sin haberse preocupado por contrastar la información que tienen asimilada como cierta; es tal la bola de nieve de mentiras que ha acabado anidando en su mente que va a ser extremadamente difícil que algún día puedan asumir la realidad tal como es. Son estos los que, con casi toda seguridad, mantendrán activo el conspiracionismo durante largos años.
  2. Por orgullo propio. Son aquellos que, habiendo destacado durante los tiempos de mayor auge conspiracionista, se niegan a asumir una realidad que consideran impuesta; han consultado los datos de las fuentes directas y conocen muchos de los errores del periodismo conspiracionista, pero ha sido tal su compromiso pasado con la causa que esperan que alguna revelación pueda cambiar sustancialmente lo básico de los atentados, pudiendo así justificar de alguna manera su actitud pasada. Sin embargo, conforme el 11-M deja de ser actualidad, este grupo se va distanciando paulatinamente de las teorías conspiracionistas.
  3. Por pertenencia al grupo. Son aquellos que, aun sabiendo que las posturas defendidas por ellos mismos tiempos atrás no tienen sentido ahora, mantienen ciertos vínculos con el conspiracionismo que les impiden abandonar por completo esas teorías; son los que suelen repetir las consignas menos estrambóticas como respuesta a una discusión en la que se pone de manifiesto la ignorancia del grueso del conspiracionismo actual. Dependiendo de cómo se vayan desenvolviendo sus vínculos personales con el conspiracionismo, algunos abandonarán y otros persistirán, aunque estos últimos serán una minoría.

Las actuales consignas del conspiracionismo, repetidas hasta la saciedad por los tres grupos citados, son la ya consabida autoría intelectual desconocida y la posibilidad de la utilización de Titadyn en los atentados.

La primera es la postura más inteligente a la hora de hacer perdurar las teorías de la conspiración, dado que ese delito no existe en nuestro ordenamiento jurídico y, por lo tanto, nunca va a haber una condena como autor intelectual de los atentados; aunque en la mayor parte de los delitos son los autores materiales los que se planifican con sus propios medios, la muerte de los autores de las reivindicaciones (El Chino y El Tunecino) y de cinco de los integrantes del grupo terrorista (entre ellos Allekema Lamari, miembro del GIA argelino), junto a la huida de varios más, han dejado en el aire (dado que no se puede juzgar a nadie sin su presencia) datos que hubiesen aportado un mayor detalle sobre los atentados.

La segunda postura forma parte del revanchismo político que pretende rebajar o borrar la pésima gestión de la información del entonces Gobierno, que le llevó a perder las Elecciones Generales celebradas tres días después de los atentados; esta postura, que pregona la participación de ETA en el 11-M (en consonancia con lo mantenido contra viento y marea hasta el mismo día de las Elecciones por el entonces Gobierno), es realmente una simple operación de imagen. El hecho es que, aun en el caso de haberse utilizado también Titadyn (siempre en cantidades minoritarias), esta dinamita no tiene por qué haber sido suministrada por ETA (de hecho, no hay ninguna relación conocida entre ambos grupos terroristas), ni quedaría invalidado el uso de los aproximadamente 200 Kg. de Goma-2 ECO de los que pudieron proveerse los terroristas en Mina Conchita (sin los cuales no hubiesen podido cometer los atentados tal como los cometieron, dado que la presencia del ftalato de dibutilo prueba el uso de esa dinamita en todas las bombas), de la misma forma que los autores de las reivindicaciones seguirían siendo los mismos y los terroristas vistos en los trenes por testigos también.

Las otras consignas conspiracionistas que se mantienen a día de hoy derivan todas de las dos anteriores, aunque están debidamente contestadas y resueltas jurídicamente, directa o indirectamente, en las dos Sentencias, por lo que tampoco es necesario insistir más en ellas.