jueves, 15 de noviembre de 2012
Vamos a ponerles las cosas más fáciles
jueves, 19 de abril de 2012
Para que no olvidemos que el 15-M ya existió 121 años y 14 días antes que el actual
El próximo día 15 de Mayo se cumplirá un año desde que el movimiento indignado del 15-M saliera masivamente a la calle; tres días antes de este primer aniversario (para el próximo día 12), estamos todos convocados a salir de nuevo a las calles de nuestras ciudades para recordar que seguimos sin ser mercancía en manos de políticos y banqueros.
Pero no olvidemos que los sistemas corruptos y explotadores no se cambian de la noche a la mañana; que las reivindicaciones del 99% no son escuchadas nunca sin la lucha constante de todos y cada uno de nosotros.
Esta es la prensa española de hace 122 años. Son muchos años, sí; y fueron también muchos años los que pasaron sin que a aquel 99% se le aceptasen sus reivindicaciones.
Así fue como nació aquel 15-M, según La Dinastía del 24/03/1890, ante la nula respuesta de los gobiernos respecto a la reducción de las horas de trabajo:
Seis días después, en La Época, ya se recoge la respuesta positiva de los trabajadores de algunos países a secundar aquélla primera movilización mundial del 99%. Eso sí, todo sin Facebook, ni móviles, ni trending topics a los que apuntarse:
Las preocupaciones, las críticas y las dificultades de hace 122 años para organizar una manifestación en día laborable (jueves) no han variado tanto como podríamos imaginarnos tras más de un siglo de evolución si atendemos a lo descrito en La Época del 03/04/1890 (en el sexto párrafo del cuerpo de la noticia se recogen, además, las principales reivindicaciones de aquel primitivo 15-M):
Y las críticas a aquel movimiento, sobre todo las críticas, siguen siendo hoy extrañamente similares a las que podemos leer en El Liberal del 28/04/1890 (a tres días de las manifestaciones):
A un día de las manifestaciones, esta era la situación según La Iberia del 30/04/1890:
Todo queda tan lejos en el tiempo como cercano en las problemáticas, las disensiones estratégicas, las críticas (internas y externas) y las respuestas de los centros de poder.
121 años y 14 días después, el 99% volvió a alzar su voz. Esperemos que esta vez no sean necesarios tantos años para atender sus reivindicaciones.
jueves, 12 de abril de 2012
La huelga la ganó el 1%
Es habitual entre el movimiento del 15-M, Democracia Real Ya o Anonymous referirse a que “somos el 99%” para reforzar la idea de que el sistema (el 1%) toma todas las decisiones en su beneficio, perjudicando con esas decisiones, de una u otra forma, al resto de ciudadanos (el 99%); el apoyo a la huelga general, convocada por los sindicatos, de todos estos movimientos ha sido un paso importante para llegar a ser realmente ese ansiado 99%, aunque intuyo que los peros a ese apoyo son una brecha demasiado amplia para que puedan llegar a tenderse verdaderos puentes de unión, aun cuando Cándido Méndez (UGT) hiciese una mención expresa a esas sinergias creadas para esta convocatoria.
A pesar de las inconcebibles e inconstitucionales extorsiones empresariales para impedir el derecho constitucional a la huelga (muchas de ellas ya demasiado habituales, como las de El Corte Inglés, sin que ninguna autoridad haya osado jamás meter las narices para cortar estas prácticas delictivas) y a pesar del palpable miedo de muchos trabajadores a verse represaliados por secundar la convocatoria en este tiempo de despidos masivos (y con la nueva reforma casi gratuitos), un seguimiento de la huelga de al menos un 20% y el respaldo de al menos otro 40% de los españoles (si atendemos sólo a las estadísticas de los medios menos partidarios tanto de las huelgas como de sus convocantes) no puede tildarse de fracaso; como tampoco puede tildarse de fracaso la masiva asistencia (entre 15.000 y 25.000 en Castellón, la segunda más numerosa tras la de los atentados del 11-M y similar en número a la contraria a la Guerra de Irak) a las manifestaciones convocadas a lo largo del día por esos mismos sindicatos (cuyo éxito queda de manifiesto ante la ausencia, como viene siendo habitual cuando las manifestaciones superan las expectativas, de imágenes aéreas en los reportajes fotográficos de los medios más beligerantes contra la huelga y los sindicatos).
Sin embargo, el éxito o el fracaso de esta convocatoria poco tiene que ver con que el respaldo a la misma haya sido mayor que en otras ocasiones; el 1% tiene como objetivo dividir a los trabajadores para eliminarlos como fuerza de presión ante las decisiones que puedan afectar a los propios trabajadores. Y ese objetivo está a punto de cumplirse, y esta convocatoria no ha hecho más que poner de manifiesto que la desaparición de los trabajadores como grupo de presión está a muy pocos titulares de prensa más contra los sindicatos mayoritarios UGT y CCOO.
El movimiento del 15-M, Democracia Real Ya o Anonymous han tenido que poner más empeño en justificar su “seguidismo” a los sindicatos mayoritarios que en justificar su rechazo a la reforma laboral; y el fino hilo que une este frente común puntual no tardará en romperse si las actitudes no cambian de forma radical (y no van a cambiar: cualquier circunstancia –por ejemplo, una foto de una reunión de los representantes sindicales con los dirigentes políticos de uno u otro partido para hablar de la reforma laboral– sirve para menospreciar la labor de los sindicatos).
Hoy, con las Cortes como mera comparsa teatral de los verdaderos centros de decisión (que no están dentro de nuestras cámaras de representantes), la única vía de contención organizada que tenemos los trabajadores para protestar por las decisiones que se toman en Alemania o en algún despacho de algún organismo monetario internacional, nos caigan mejor o peor quienes están al frente, son los sindicatos de clase; si lo que queremos es eliminarlos somos muy libres de seguir con las actitudes de enfrentamiento.
Pero si no existe una alternativa a esa vía de contención organizada (y hoy no existe, por mucho futuro que tengan los movimientos sociales recién nacidos), nuestra fuerza (la poca que nos queda ante la inoperancia de nuestros representantes políticos) será tan inapreciable como insignificante.